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PRÓXIMA PRESENTACIÓN EN
MÉXICO

Editorial Vinciguerra
Colección metáfora
Buenos Aires, 2007
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Árbol
de la vida,
estuvo antologado en Del rojo al púrpura y ahora por primera vez se
publica de manera individual. En un solo poema de largo aliento, que el poeta
considera su trabajo más logrado, se conjugan la espiritualidad del amor, la
búsqueda y el erotismo.
Dividido
en doce estrofas de doce versos. Árbol de la vida comienza diciendo:
Quiero morir con una muerte ajena / la tuya, la que tienes que vivir...
La voz
de la pareja que, como Adán y Eva, están predestinados el uno para el otro, pero
con la salvedad de que es ella quien va un paso adelante: Vas delante de mí,
te sigo los pasos, / espero tu cansancio, des vuelta y mires / y me recojas
donde me dejaste…quien lo sabe todo: Tú lo sabes todo, pero ignoras que
lo sabes, / tienes el pan de cada día / yo las noches y su hambre.
Sin
embargo, terminan separándose, comenzando así la segunda parte del poema, doce
estrofas también numeradas pero de manera invertida que narran un mundo
decadente e individualista, dando lugar a un nuevo título: Árbol de la muerte.
"Poesía amorosa, pero desde otra magnitud del ser, desde otra apropiación de los
materiales del universo. Poesía caliente y dolorosa, como en un acto de amor con
los ojos abiertos."
Edna
Pozzi |
Árbol
de la vida
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I
Quiero
morir con una muerte ajena,
La
tuya, la que tienes que vivir,
se
esconde tras de tus ojos
y
a diario ve desde tu mirada.
Abre
tus manos, mírate en mí,
como
yo te estoy viendo.
Somos
mitades
que
se funden avanzada la noche
cuerpos
encontradizos
que
tiemblan con el soplo del aliento.
Tierra fértil
donde nace la vida
cada
noche que muero dentro.
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II
Eres
habitación vacía con puertas paralelas,
espacio
que respira el aire de la luna,
sin
gravedad, a donde llego cada noche
y
muero con la muerte que quieres darme,
dentro
de ti, de tu espacio;
cierras
las puertas con dos filos enrojecidos,
quitas
más de lo que has dado, me cortas en pedazos,
me
arrancas el oxígeno en breves espasmos.
Soy
tuyo, tu cansancio, tu vientre de piedra,
cimiento
de los años, raíz de mis pensamientos,
te
sé como a mis manos,
te
subo como a un árbol.
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III
Vas
delante de mí, te sigo los pasos,
espero
tu cansancio, des vuelta, mires
y
me recojas donde me dejaste,
como
semilla, envuelto en la tierra voy creciendo
y
te cubre la sombra de mis brazos.
Estoy
cansado de ser tiempo,
que
en mis hojas se sostengan vidas ficticias,
ser
el brazo del suicida
la
manzana cae y rueda como el mundo aprisa.
Nací
del barro y he crecido tanto
que
sostengo la bóveda de los sueños
el
espejo del tiempo.
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IV
Nací de tu vientre y perteneces a
mi costilla
y
a tu vientre vuelvo cada noche
a
completar el ciclo de la vida,
a
quedarme entre tus pliegues,
no
he dejado de ser semilla.
Eres
tierra ociosa que me devora
al
centro de un espiral que no termina,
crezco,
me multiplico, me detengo y miro
que
ya he muerto otras veces
y
dejado otros nombres escritos
en
la corteza de mi costado.
Bajas
de mí, como si fuera un árbol.
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V
Tú
llamaste a las cosas por su nombre,
las
hiciste tuyas cuando no eran de nadie
cogiste
mis ojos como luciérnagas
con
ellos encendiste tus senos.
Tú
lo sabes todo, pero ignoras que lo sabes,
tienes
el pan de cada día
yo
las noches y su hambre.
Arrúllame
en tus brazos como el niño
que
nunca fui, enséñame otra vez
lo
no aprendido. De tu mano
me
dijiste esto es un árbol, arriba está la noche
y
yo soy el rincón de tu cansancio.
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VI
Me enseñaste a caminar con tus
pasos
a
sentirme inquieto al decir
“no
sé que tengo, siento algo”.
Ayer
esperé largo rato,
que
vinieras del campo,
apretando
soles en los labios,
bajarás
de las ramas donde habías trepado,
tuve
que cortarte como a un durazno,
abrirte
como a una fruta,
te
desjugas al tocarte
como
a un racimo de uvas beber
tu
sudor fermentado.
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VII
Cuando
estoy contigo mi lecho se tensa,
la
humedad de tu tierra hincha
el
tronco de mi árbol.
Lo
hace espeso para tus labios,
creerse
pájaro y volar hasta la atmósfera del tiempo,
donde
el tiempo ya no es pasado
se
mide por el hambre, por el sueño
al
decir tengo amor, déjame darte.
Me
asusta la oscuridad de tu piel
voy
a encender un cabello para asomarme
entrar
como día en la carne de tu noche
me
devoras como el párpado al instante.
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VIII
Sostenme
para no caer antes del alba.
eres
leño vulnerable a la mirada,
no
puedo dejar de ver tus ojos de agua,
se
consumen, se evaporan,
arden
mis manos tu desnudez
mis
dedos fuerza de brasa.
Mi
pecho de tierra es volcán,
mi
vientre lienzo de magma.
Encuentro
la oscuridad de tus ramas,
me
vacío en tu espalda baja
sobrevives
a mi tala, cada noche
vuelven
a brotarte hojas como ganas.
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IX
No
hay nada mío que no sea tuyo,
pedazo
de ti que nunca debió salir.
Te
busco y no me encuentro
me
canso de buscarte, laberinto de raíces
recojo
mi cuerpo al pie del árbol a esperarte.
Siempre
estoy esperando,
los
animales en primavera se aman,
las
flores se polinizan con las alas
yo
sólo tengo mis dedos
y
marzo al final de mi talle
el
mapa de tus días, el calendario de tus calles
para
siempre andar buscándote.
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X
Deja
ya de hablar, de moverte como aire,
a
veces creo que nunca estarás quieta
de
veras no podré cansarte,
pierdo
el ánimo, me pierdo al encontrarte.
Busco
mis huellas y descubro que me cargas,
caminando
en círculos
alrededor
de una sombra larga.
Me
dejas caer, salgo de tu cuerpo
como
fruto de la rama.
Alguien
más te está esperando,
alguien
me esperará mañana.
Seguiremos
buscando tierra fértil para sembrarla.
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XI
Hoy
llueve amaneciendo,
de
tu barro en el suelo no hay rastro,
solo
recuerdos, vida del anciano
voz
del viento que repite lo que ya hablamos,
soy
tuyo, tu cansancio, tu vientre de piedra
cimiento
de los años...
tierra
que teñiste
con la sangre de tu ovario,
cada
mes dejas rastro, te desprendes de ti
vuelves
a nacer como nido de pájaros.
Deja
sostenerte en lo alto de mis brazos
encontrarte
en la semilla de una fruta que crece
hasta
convertirse en árbol.
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XII
No
hay más, solo hojarasca,
el
viento encuentra su paso,
la
herida cansa. Duele tu huella en mi costado.
Recojo
sentimientos, mi cuerpo y sus pedazos
cobijo
de insomnios, duermo en la tarde del pasado
bajo
un cielo mustio, espero, mientras
el
tiempo busca pretexto para engañarnos.
Amontono
los días, arden los años
la
ceniza abona el vientre de la tierra,
otra
mano te siembra, otra me cultiva
seguiremos
buscando la sombra que proyecta,
la
raíz que sostiene el árbol de la vida.
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XII
Giras
en torno a mi,
me
descubro para tus manos
me
desprendo los músculos,
hielos
temporarios.
Morir
contigo a diario,
dejarme
escurrir gota a gota
filtrarme
en la entraña de la tierra,
raíz
que busca hacer sombra
ilusión
que se desboca en agosto
solo
charcos tendidos en las calles
el
agua no encuentra su cauce
nido
de ajolotes
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XI
Nos
talamos uno al otro,
no
hay campo ni hojarasca
no
hay luz apoyada en las ramas,
ni
árbol que trepar
la
hiedra en el poste se entretiene
la
luz es de cristal,
el
sueño se dilata, no llega,
nos
encuentra la mañana
en
mapa de calles sin salida.
Me
veo en tus ojos, me sé ajeno,
soy
el otro que buscas con mirar obseso.
Sin
decirte nada, tú sabes que te quiero.
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X
Hay
que salir a la calle
buscar
a la mujer que amas,
encontrar
tus pasos
o
la muerte en la esquina de tu casa.
Rostro
deslavado, no hay luz que te ilumine
no
hay tiempo para medirse;
no
hay nido de pájaros
ni
azul que se enrede en sus alas.
No
hay agua para beber
ni
tierra que se enlode con sus ganas.
Se
detiene la luna en las charcas, un instante,
se
sabe agua estancada
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IX
Te
encuentro en el patio de tu casa
vientre
soleado, resequedad salada,
me
tiendo a la oscuridad de tus ramas.
Camino
a tu cuarto, me asomo,
no
hay luz ni aire ni ventanas.
Cueva
original. Flautas
penetran
el laberinto de mi oído.
Me
hago pequeño para entrar en tu espacio
me
guardas como si fuera un niño,
semilla
que busca dentro
echar
raíces
manantial
de vida es tu ombligo.
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VIII
En
la calle se encuentra el acertijo,
caminar,
no importa el rumbo
sino
cumplir un destino,
hacer
árbol. Árbol
de
plástico, frutos de aluminio.
Dices
adiós desde un punto fijo,
todo
gira en torno a ti.
El
anciano busca sus dientes en la sonrisa del niño
y
ruega porque la muerte lo encuentre dormido.
Hay
que matar los sentidos,
la
música ya no es de cuerdas, ni de alientos,
el
sordo no tiene oídos.
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VII
Hay
que salir a la calle,
tropezarse
con uno mismo,
verte
en un escaparate,
descubrir
el rostro del enemigo
y
un mudo claxon que grita con permiso.
Espera
en tu casa al ladrón,
la
mirada inquieta del vecino
los
cobros de tus excesos
o
el vendedor de Biblias donde la culpa
de
los padres la pagarán los hijos.
No
hay que preocuparse por sembrar,
las
pizzas y las putas también llegan a domicilio.
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VI
Abrir
las piernas es soltarse,
el
hueco de tu cuerpo es tronco vacío,
descarnado
aroma que engaña mis sentidos.
Acabaremos
por embotellar el aire,
respirar
un suspiro,
rezarle
al dios de nuestro egoísmo
y
en la parroquia comprar milagritos.
Tirar
la sangre por el caño,
no
es abono para la tierra,
el
árbol crece más lejos del sol
pálidos
brazos sostienen mi espera,
construiré
una casa para abrirle las puertas.
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V
Tus
hojas me tocan como dedos
a
tientas me acerco, te rodeo, piel rugosa,
tu
cabello de nuevo es tu perfil,
enredadera
de silencios,
voz
que ya no sabe repetir:
“yo
soy el rincón de tu cansancio,
sube,
te guardo para mi”.
Te
alejas sin dejarme,
tierra
sin agua, entre manos se deshace.
Busco
tu nombre en mi costado,
si
vives aun es porque yo morí
de
la muerte que quisiste darme.
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IV
Recógeme
un día sin calendario
una
hora sin reloj para citarnos;
te
espero a las cinco de la tarde
cada
sol de verano.
A
las cinco en punto de la tarde
te
busco al pie del árbol.
Sigo
la vereda, acorto distancias,
la
espalda del tiempo me sostiene,
te
sabe bendecida,
todo
cambia: ahora lo sagrado es de risa;
desde
la primera noche del mundo
se
empezaron a vender las niñas.
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III
El
silencio no habla con palabras
labios
mudos, garganta sin voz
aves
emigran sin rumbo.
Juntar
los párpados, saber que no duermo
insomnio
de tu cuerpo.
Llenar
espacios,
estar
dentro es morir a cada rato.
desprenderse
de uno mismo, suicidio involuntario.
Las
heridas buscan puñales,
los
coágulos del muerto no se desangran
hay
que enterrarlo hondo,
a
ver si retoña un brazo, un ojo.
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II
Subir
hasta la bóveda de espejos,
el
árbol que nos miraba ya no tiene vista.
No
hay quien mueva el aire
ni
hojas que se exciten al rozarlas,
los
instantes vuelan como pájaros
la
fruta se pudre en las ramas
la
tierra se calienta, cambia,
se
pinta de color naranja.
Busco
del miserable su bendición,
la
mano sobre la cabeza del infante
y
una mañana que amanezca sin amarte.
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I
Busco
el amanecer
y
el sol no llega, la sombra del árbol
es
cobijo del que siembra.
Busco
tus piernas largas, tu andar aprisa;
soy
animal en agonía, desollado,
sin
uñas, ni dientes de caníbal,
me
arrastro por el filo del mediodía.
Subir
el árbol, contar estrías, luz no es todo
lo
que brilla. En el pozo de tu entrepierna
beben
lagartijas, se aparean aves de rapiña,
y
por entre tus labios de piedra verde
nace
sin raíz el árbol de la muerte.
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Árbol
de la muerte
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